viernes, 5 de febrero de 2010

Una mañana . . .una mañana linda . . .



Esta mañana fue un tanto más desparpajada y tal vez desafortunada (sólo en el sentido utilitario de la expresión), aunque no por eso menos divertida, a lo normal que suelen ser mis mañanas en el caótico D.F.
Todo comenzó a solo unos pasos de la puerta de mi hogar, específicamente en la esquina. Mientras manipulaba mi reproductor de música,(distraídamente, lo reconozco) no me percate que había un pedazo de cartón-madera (o algo así) sobre el cual pise y resbale. Afortunadamente logre mantener el equilibrio, evitando así casi por nada romperme completita toda la crisma. En ese momento el vecino de enfrente de mi casa estaba barriendo el agua acumulada por las lluvias de su techo, así que siendo observado por él, debo decir que me invadió la “penita”, pero como mi orgullo y ego los he minimizado (según yo), el sentimiento lo deje aislado ahí y continúe mi marcha.
Ya instalado en la combi que me lleva al metro, con la situación de elegir el soundrack de viernes por la mañana hacía la oficina solucionado, que hace su aparición un “iztapala junkie”, a quien desde que abordo le costó trabajo tan solo subir el estribo(por obvias razones), e intentando mantener la vertical, malabareando el cuerpo, simulando un pedazo de carne sin huesos (asi como pieza de “pollo” de KFC) y yo sentado justo en el lugar enfrente de la puerta, que se me deja venir sobre mí, chaaaaa!!!!.
Arribando ya en el eficiente y siempre descongestionado metro, que saco mi tarjetita pre-pago para acceder, entonces, el tipo que iba delante de mí, no sé qué chingados hizo, que al momento de yo presentar la tarjeta en el lector, está persona utilizo mi - debo resaltar - último crédito para un viaje dam it damn it damn it!!! (Aún al escribirlo en este momento me da de nuevo coraje). Bien, dispongo a ir a recargar crédito: Buenos días señorita, cincuenta pesos por favor-extendiéndole un billete de doscientos pesos -, y cuál es mi pinche sorpresa, que al devolverme mi cambio me da pura pinche morralla. Ciento cincuenta pesos en monedas de cinco y diez pesos. Uta madre!!!!.
Por fin, victorioso, como si fuera la meta de un maratón, atravieso el torniquete, bajo las escaleras, me dirijo al andén y en medio de la multitud, dispuesta fervientemente a subir al vagón para como si la vida se les fuera en tomar un asiento, comienza la rebatinga de lograr lo que hasta para la física es imposible, que un mismo espacio sea ocupado por dos cuerpos al mismo tiempo jeje. Pues en medio de codos, nalgas, pedos, pitos, que se trepa un “homeless” con tremendas bolsas de basura, si, basura!. Y aunque yo estaba como a cuatro personas de distancia de él, la mescolanza de la hediondez a orines, mugre, sudor, descomposición, de sus tres nutridas bolsas de malolientes desperdicios, embadurnadas en un fresco y sabrosón lodo, así como de su misma persona - Tal vez este personaje sufre del Síndrome de Diógenes, así como en algún momento lo sufrió (o sufre, no sé bien) Whitney Houston y que la llevo aislarse y seguir consumiendo drogas para vivir como vagabunda. Tal vez esta persona fue galán de la época dorada del cine mexicano y la fama y fortuna lo llevaron al desequilibrio, trastornando su mente, mutándola a una realidad paralela - invadía el vagón por completo. Así me tuve que aguantar, tapándome con el gorro de mi chamarra por momentos hasta la estación chabacano. Y eso porque fui yo el que me baje.
Aún me esperaba la travesía en el metrobus, pero esa ya ocurrio sin contratiempos y por fin llegue a la oficina, dispuesto a compartir mi divertida historia de un viernes por la mañana.

P.D. Todo mi recorrido fue sonorizado por Windowlicker de Aphex Twin.

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