Practicando la muerte
Dicen que pudo haber sido mucho peor…..que pude haber muerto yo; ellos pueden hablar de esa forma porque no saben lo que es llevar el peso de una muerte sobre uno ¡son unos pendejos!, puedo justificarme de mil maneras: que me arrepiento por haber ido a exceso de velocidad, que los frenos no respondieron, que estaba nervioso por llevar a mi lado a una hermosa copiloto, ¡son palabras que se las puede llevar la mierda!, porque nada de ello quitará la puta sensación de culpa, que amarga el hocico y desquicia hasta las lagrimas, ni borrara de mi mente la imagen de aquellos retazos de cuerpo que parecieran haber sido engullidos, masticados y escupidos por el más voraz de los depredadores.
Al intentar tomar el retorno sobre la autopista, perdió el control de la camioneta, su mirada tensa, de pupilas dilatadas, creo el infinito prosapio ritual de cuando nos sabemos cerca de la muerte, y nos aferramos rasgando la vida con las uñas, sus dientes chirriaban, del mismo modo que también lo hacían las llantas sobre el asfalto; frente a él, la figura de un peñasco se tornaba como verdugo de su deceso. Con los brazos firmes al volante, logró, en su último momento lúcido, virar por instinto hacía su derecha, evadiendo la masa de roca, pero no siendo suficiente, para esquivar a un hombre que se encontraba trabajando sobre el camino, arrollándolo y prensándolo contra el imponente muro de piedra del cerro con el que finalmente fue a impactar. Era la deuda a saldar de aquel peón – ¿no sé el porque?, si por violar a su hija, por haber robado y golpeado a traición, o por que simplemente su vida se había vuelto insulsa, llevadera y monótona, hasta el desperdicio- quedando triturado entre los bruñidos y retorcidos fierros discurridos con su sangre.
Todo ocurrió de forma tan precisa, que no cabe duda que ese era el destino que les esperaba, o maldita justicia divina, que la ley del karma les hizo pagar. Fernanda, con la que minutos antes él discutía - fijando, por cortos lapsos, su mirada lasciva en sus carnosos muslos bien torneados y ajustados por su pequeño short color caqui - el hecho de que no se había detenido a auxiliar a un tipo que pedía ayuda a la orilla de la carretera, el cual, también había perdido el control de su vehículo – un porsche gris - yendo a chocar contra el talud de un cerro; diciéndole ella: “vamos a pagar caro por no haberle ayudado”, sus palabras de profeta quedan como antecedente de la deuda contraída y del ciclo de energía que justa, sabia e inteligentemente debía cerrarse, saliendo disparada por el parabrisas, yaciendo su desarticulado y mutilado cuerpo, a algunos metros de la camioneta, sobre el charco de su propia espesa sangre.
Tic – toc – tic – toc, el reloj colgado en la pared desmenuza la angustia, martillando mi cordura trastocada, el encierro de mi propia carne empujándome hacía mi mismo, implorando una salida al interior de Le Scaphandre. Acostado en está cama sin poder mover alguna parte de mi cuerpo, me hallo en este cuarto obscuro de muros avasalladores, deseando ir con el rey para contarle que no aguanto más, que sobre mi se está cayendo el puto cielo, que necesito de su ayuda. Lamento no haber prestando atención para poner las cosas de una forma correcta, pero me he dado cuenta, que este lugar marcado con una “X” siempre estuvo ahí, sólo necesitaba de un error mío para tomar partida, soy una fruta podrida, un bien dañado, condición que me da la atención de nadie. Ahora estoy solo, tu me abandonaste, confíe en ti y me decepcionaste, creí ingenuamente que ibas a estar siempre a mi lado como lo habías dicho, como lo habías prometido miles de veces, aún así te agradezco por todo, pero ya es demasiado tarde ahora, no existe salida, podré gritar y llorar, pero la maldita hora ha llegado, siento mucho dolor, pero el hecho de que solo lo sienta, no significa que este ahí, ¡no necesito de nadie¡, ¡que diablos! mi cuerpo morirá hasta que las brillantes luces se apaguen.
" Sinfonía para metro Y microbus"
Hace 6 años.
